viernes, 16 de mayo de 2014

Ya no


No des un paso más. No te acerques. No quiero que me veas así. Atrás. Mantente dónde estás. No me obligues. No.

No vengas hacia mí. No me digas nada. No lo permitiré. Otra vez no.

No digas que me quieres. No significa nada. Es absurdo que lo intentes.

No me preguntes nada. No quiero recordar nada. No quiero saber nada.

Tus palabras no dicen nada. Tu mirada no expresa nada. Tus manos, tus ojos, tu boca, no muestran nada. Nada que no sepa. Nada que no haya oído mil veces. Nada que quiera volver a escuchar.

No insistas. Está todo hablado. Y lo que no, no importa ya. Nada importa ya.

No Ya no.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Triunfador

vencedor1

Eres un triunfador. Lo sabes. Puedes ir con la cabeza bien alta, la frente arriba, bien arriba. Puedes permitirte el lujo de mirar a los lados con suficiencia, eres un ganador. Despilfarra tu andar seguro, repártelo a quien lo quiera coger, copiar. Derrocha empaque, a ti te sobra, claro que sí. Reparte gestos, leves desprecios, el pecho inflado, la cabeza -repito- alta, la mirada limpia, penetrante, profunda. El paso rápido, ya sé que tus piernas no son muy largas, no importa, colega. Rápido y seguro. El periódico en la mano, doblado. La Razón, ABC o Nueva Empresa. Uno de esos. Uno de esos que demuestran bien a las claras que eres un tipo al que sonríe la vida. Justo lo que mereces.

Vale, sí, tu traje es barato, podría estar mejor planchado. Como tus zapatos, que podrían estar más limpios, relucir incluso. Ok, amigo, aún no has ganado nada realmente. Pero, los dos lo sabemos, es cuestión de tiempo. Qué digo los dos, todos lo sabemos. Así que, desde luego, puedes mirar por encima del hombro. Desde tu superioridad manifiesta. Moral y de la otra. Puedes permitirte ese lujo, sin duda, así lo atestigua tu (falso) reloj de marca; tus gemelos dorados. Hazlo, no te preocupes, no habrá consecuencias, eres un conquistador. Deleita a las mujeres –te adoran- con esa estudiada caída de ojos, tan tuya. Guíñalas levemente, sonríe de lado, muestra tus encantos, eres un pavo real, el gallito del gallinero. Los hombres te envidian, las mujeres te desean. Incluso viceversa, por extraño que parezca.

De acuerdo, estamos de acuerdo, la humildad es importante. Pero no para ti. La humildad para los débiles, los ganadores no la denotan, salvo fingida, parte de un plan mayor, un arte de seducción. Uno de tantos de los que dominas. De los que hacen que las mujeres se rindan a tus pies, todas, las caras y las más baratas. Tú sabes lo que interesa, tú sabes lo que cuenta realmente. Tú no eres uno de esos tíos “que escuchan”, no te hace falta. Sabes todo lo importante. Tienes demasiado que decir como para perder tiempo. ¿Sensible? Mariconadas. Tú eres un hombre de verdad, de los de antes, de los de siempre.

Tú, tú, tú, tú. Siempre tú, sólo tú. Vamos allá, cómetelos, campeón.

 

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Gracias.

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